Cuantas veces hemos vivído cosas las cuales no quisieramos que se terminen nunca, sin embargo eso es casi, y digo casi porque no tengo la certeza de que así sea, Imposible.
Muchos de los pocos momentos felices que tenemos en nuestra vida, acaban de un instante a otro, sin embargo cada uno de ellos nos deja algo invaluable: La esperanza de conseguir uno similar o mejor más adelante.
Esto es fácil, es como encontrarse dinero en la calle, después de nuestra primera vez, seguiremos mirando al piso cuando caminamos por todo lo que nos queda de vida.
No tendría caso hablarles de detalles de mi vida, ya que sería igual a una copia barata de la vida ajena de otras personas.
Sin embargo he tomado este espacio para expresar un poco lo feliz que me siento de haber vivído cosas buenas y malas a mis 25 años de edad.
Seguramente no tan fantásticas como uno quisiera, pero sí dignas de recordar y de que dejen huella en esta vida tan pero tan ligera a la hora de tomar desiciones.
Quizás este viviendo la mitad de mi vida ya, quizás mucho menos, pero es sorprendente la cantidad de cosas que uno aprende, vive y palpa por experiencia propia. Y que cuando se las cuentan, uno cree que son estúpidas, sin embargo me retracto de que así sea.
Probablemente mañana ya no recuerde nada de lo que ayer viví, probablemente lo recuerde todo, sin embargo lo más valioso que tenemos es eso, La memoria.
Y día a día tenemos que luchar contra su mayor enemigo, el tiempo.
Ojalá algún día recuerden lo bonito y feo de esta vida, ya sea en esta u otra.
Y que se acuerden que el valor único de la misma es el recuerdo, memoria, recobeco o huella que dejó en un instante asesinado por el mismisimo tiempo.
martes, 11 de septiembre de 2007
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